En los círculos de poder de Washington se estaría evaluando un escenario que durante años se consideró inviable. De acuerdo con una investigación publicada por The Wall Street Journal, la administración del presidente Donald Trump estaría impulsando discretamente contactos para provocar un cambio político en Cuba antes de que termine 2026.
El reporte cita a fuentes familiarizadas con las discusiones internas del gobierno estadounidense, quienes aseguran que Washington considera que el sistema cubano atraviesa una de sus etapas más frágiles en décadas. La combinación de colapso energético, deterioro económico acelerado y el corte casi total del respaldo venezolano habría reconfigurado los cálculos estratégicos.
Según el diario, la estrategia no se centra en una intervención directa ni en un plan público de derrocamiento, sino en identificar figuras dentro de la propia estructura estatal cubana dispuestas a explorar una salida negociada. El enfoque apunta a una transición pactada que permita desmontar gradualmente el actual modelo de poder sin un escenario de caos institucional.
El análisis del WSJ señala que, para la Casa Blanca, el tiempo juega un papel clave. La presión económica sostenida, el aislamiento financiero y la creciente tensión social en la isla habrían creado una ventana que Washington considera irrepetible. A esto se suma el endurecimiento del discurso de Trump, quien ha reiterado que no descarta “soluciones definitivas” frente a gobiernos que califica de hostiles.
Desde La Habana no ha habido respuesta oficial al reportaje. Sin embargo, el historial del régimen muestra que este tipo de filtraciones suelen generar movimientos internos silenciosos, más que desmentidos públicos.
Más allá de si el plan logra materializarse, el mensaje es claro: Cuba ha vuelto al centro de la agenda estratégica de Estados Unidos, y esta vez el objetivo declarado no es la contención, sino el cambio.
Una lectura editorial de News 360.
