Corea del Sur comenzó en enero de 2026 el despliegue operativo del misil balístico convencional Hyunmoo-5, una de las armas más potentes desarrolladas por el país, en respuesta al deterioro sostenido de la seguridad en la península coreana y al aumento de la tensión con Corea del Norte.
El Hyunmoo-5, descrito por autoridades militares como un sistema de penetración profunda, fue diseñado para neutralizar infraestructuras fortificadas subterráneas, incluidos centros de mando y búnkeres estratégicos. Su capacidad destructiva —sin recurrir a una carga nuclear— lo convierte en una pieza central de la estrategia surcoreana de disuasión convencional avanzada.
En paralelo al despliegue, el ministro de Defensa de Corea del Sur solicitó reforzar de forma significativa el arsenal ofensivo del país, subrayando que el objetivo no es escalar el conflicto, sino disuadir cualquier intento de ataque mediante una respuesta inmediata y contundente.
Este movimiento refleja un cambio relevante: Seúl apuesta por demostrar que puede responder con fuerza suficiente sin cruzar el umbral nuclear, enviando una señal directa a Pyongyang en un momento en que los ensayos de misiles y la retórica militar norcoreana se han intensificado.
La decisión confirma que el equilibrio regional entra en una fase más frágil, donde la disuasión ya no se basa solo en alianzas, sino en la capacidad real de respuesta militar.

