La escena fue cuidadosamente montada: formaciones, tanques, consignas y un discurso de épica permanente. En el Día Nacional de la Defensa, Miguel Díaz-Canel Bermúdez recorrió ejercicios militares y habló de cohesión, unidad y “victorias” históricas, como si el país viviera una normalidad estratégica y no una emergencia cotidiana.
Según el propio reporte oficial, el mandatario presenció un ejercicio táctico en la Gran Unidad de Tanques “Rescate de Sanguily”, acompañado por altos mandos de las FAR, y luego visitó una unidad antiaérea y prácticas de tiro con estudiantes universitarios. Díaz-Canel insistió en que “la mejor manera de evitar una agresión” es obligar a “calcular el precio” de atacar a Cuba, presentando el entrenamiento como respuesta a un nuevo escenario internacional.
El problema es que esa narrativa choca con la calle. Cuba hoy no parece un país en “preparación rigurosa”, sino un país que no logra sostener lo elemental: electricidad estable, combustible, transporte, servicios básicos y abastecimiento. En ese contraste, el despliegue militar luce menos como disuasión real y más como vitrina propagandística: tecnología envejecida, ejercicios coreografiados y consignas que intentan sustituir capacidades.
Mientras el poder habla de defensa, la población enfrenta otra guerra: la de sobrevivir.
Una interpretación periodística de News 360.
