La escasez de energía en la isla continúa agudizándose con déficits superiores a los 1 800 MW y cortes generalizados que alteran la vida cotidiana, en un contexto marcado por la interrupción de suministros de combustible.
La Unión Eléctrica de Cuba (UNE) confirmó este lunes que el servicio de energía estuvo afectado durante toda la jornada del domingo 19 de enero, con un déficit máximo de 1 764 megavatios (MW) medido a las 18:10 horas, lo que se traduce en apagones simultáneos en amplias zonas del país. En su parte oficial se indica que la situación del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) sigue siendo crítica y estructural, sin señales de recuperación inmediata.
A primera hora de este martes 20 de enero, la disponibilidad de generación apenas alcanzaba 1 180 MW frente a una demanda estimada de 2 100 MW, lo que representa un déficit de 879 MW en el periodo matinal y anticipa mayores afectaciones a lo largo del día. Para las horas de mayor consumo, la UNE proyecta un impacto de 1 250 MW en el horario diurno y hasta 1 825 MW durante el pico nocturno, siempre que las plantas térmicas y otros recursos no registren fallas adicionales.
Aunque 38 nuevos parques fotovoltaicos operan actualmente y generaron 2 085 megavatios hora (MWh) gracias a una potencia conjunta de casi 398 MW durante las horas de mayor irradiación solar, esa aportación sigue siendo insuficiente para compensar la caída sostenida de la generación térmica tradicional y las limitaciones del sistema.
La crisis energética insular se desarrolla en un momento geopolítico tenso: el flujo de combustibles regalados desde Venezuela ha sido interrumpido tras cambios políticos en ese país, lo que ha cortado un canal histórico de suministro. Esa situación obliga a Cuba a depender de importaciones onerosas o a aceptar menores volúmenes de México y otros proveedores, reduciendo aún más la disponibilidad de petróleo y derivados necesarios para mantener la operación de las centrales térmicas, que siguen siendo el principal soporte del SEN.
Los apagones prolongados y la incapacidad estructural de cubrir la brecha entre la oferta y la demanda de energía tienen consecuencias profundas sobre la vida diaria, los servicios públicos, el abastecimiento de agua, hospitales y la producción industrial, además de agravar la incertidumbre económica y social en la población.
Una lectura contextual de News 360.
