El Banco Central de Cuba avanza en una acelerada corrección del tipo de cambio oficial del peso, una señal clara de que el esquema de “tasa flotante” impulsado a finales de 2025 no logró cumplir su objetivo central: estabilizar el mercado cambiario ni recuperar la confianza en la moneda nacional.
Lejos de comportarse como un mecanismo de equilibrio entre oferta y demanda, la tasa oficial ha reaccionado de forma tardía y forzada frente a la presión del mercado informal. Cada ajuste confirma que la autoridad monetaria no está marcando el rumbo, sino siguiendo una dinámica que se impone desde fuera del control institucional.
El problema va más allá del valor numérico del peso. La devaluación sostenida refleja un deterioro estructural: escasez crónica de divisas, baja capacidad productiva, restricciones severas a la inversión y un entorno donde el Estado sigue siendo un actor dominante sin respaldo real. En ese contexto, ningún diseño técnico puede sostener una moneda.
El experimento cambiario prometía orden y transparencia. En la práctica, generó mayor incertidumbre para empresas y ciudadanos, alimentó expectativas inflacionarias y trasladó el costo del ajuste a quienes dependen de ingresos fijos en pesos. El salario real continúa erosionándose mientras los precios se adaptan con rapidez a la depreciación.
La insistencia en correcciones administrativas sin reformas profundas confirma una tendencia conocida: se ajustan los números, pero no el modelo. Y cuando la política monetaria se limita a reaccionar, el mercado termina dictando las reglas.
Una lectura editorial de News 360.
