Por primera vez desde el inicio de las protestas antigubernamentales que sacuden a Irán desde finales de 2025, las autoridades del país han hecho público un balance oficial de víctimas mortales. La cifra reconocida asciende a 3.000 fallecidos, pero el gobierno ha evitado asumir responsabilidad directa y ha atribuido las muertes a “incidentes terroristas”.
El anuncio, difundido por medios estatales y organismos vinculados al aparato oficial, marca un giro relevante: hasta ahora, Teherán había optado por el silencio o por balances fragmentarios. Sin embargo, la narrativa elegida refuerza una estrategia conocida del régimen: desvincular a las fuerzas de seguridad del uso letal de la fuerza y presentar la crisis como una amenaza externa o subversiva.
Según la versión oficial, buena parte de los fallecimientos se habrían producido en ataques atribuidos a grupos armados, sabotajes o acciones violentas ajenas a las protestas pacíficas. No obstante, organizaciones independientes de derechos humanos y redes de activistas iraníes en el exilio sostienen que la cifra real supera ampliamente los 3.000 muertos, con estimaciones que oscilan entre 3.800 y más de 4.000 víctimas, muchas de ellas civiles desarmados.
El contraste entre el balance estatal y los registros alternativos vuelve a poner en evidencia la falta de transparencia institucional. Testimonios recogidos fuera del país apuntan a disparos directos contra manifestantes, uso extensivo de munición real y detenciones masivas seguidas de muertes bajo custodia, elementos que el relato oficial omite por completo.
Más allá del número exacto, el reconocimiento parcial tiene un peso político innegable. Admitir miles de muertos equivale a reconocer la magnitud histórica de la crisis interna, la más grave que enfrenta la República Islámica en décadas. Pero al calificar las muertes como “terrorismo”, el Estado cierra la puerta a cualquier investigación independiente y refuerza el marco represivo.
El balance oficial no cierra la herida. Al contrario, profundiza la desconfianza dentro y fuera de Irán, y deja una pregunta central sin respuesta: ¿cuántas de esas muertes fueron consecuencia directa de una represión ordenada desde el poder?
Una lectura editorial de News 360.
