El Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos ha venido ampliando su flota aérea para reforzar las deportaciones bajo la administración de Donald Trump, en una operación que combina nuevas compras de aviones, contratos adicionales y un aumento sostenido de vuelos de expulsión.
La expansión no se limita a una sola compra. A finales de 2025 ya se había reportado la adquisición de seis Boeing 737 por casi 140 millones de dólares para apoyar estas operaciones. Después, en marzo de 2026, se aprobó otro paquete mucho mayor para sumar diez aeronaves más, entre ellas ocho Boeing 737 y dos Gulfstream G650.
Ese movimiento confirma que Washington no está trabajando solo con vuelos chárter o con capacidad prestada. Está montando una estructura aérea propia más amplia para sostener deportaciones a mayor escala, con más control operativo y más capacidad de traslado.
La operación también ha generado críticas por el costo y por el tipo de aeronaves incluidas en el plan. Entre los aparatos mencionados aparecen jets ejecutivos de alta gama, lo que ha abierto cuestionamientos sobre el nivel de gasto destinado a esta política migratoria.
En paralelo, los vuelos de expulsión han subido. Solo en marzo de 2026 se registraron 225 vuelos de deportación hacia 46 países, una cifra superior a la del mes anterior. Ese aumento encaja con la expansión de la flota y con el endurecimiento de la política migratoria de la Casa Blanca.
El cuadro general es claro: la administración Trump está invirtiendo más dinero, más equipos y más capacidad aérea para acelerar deportaciones y hacer de esa política una pieza central de su aparato de control migratorio.
Redacción News 360