La escasez de combustible y gas en Cuba sigue agravándose y ya está empujando el mercado informal a niveles que dejan fuera a buena parte de la población. Reportes divulgados este martes sitúan el litro de gasolina en la calle entre 3,000 y 6,000 pesos cubanos, mientras un balón de gas doméstico puede llegar a costar hasta 50,000 pesos en algunas ciudades.
El deterioro no salió de la nada. Reuters ha reportado en los últimos meses que los envíos de combustible desde Venezuela se redujeron con fuerza y que México frenó sus despachos hacia la isla, dejando a Cuba bajo una presión energética mucho más severa. Ese corte de suministros ha golpeado la generación eléctrica, el transporte y el funcionamiento diario del país.
La crisis ya venía mostrando señales claras desde principios de año. AP informó en febrero que las estaciones de servicio en Cuba operaban con ventas limitadas, largas filas y fuerte presencia del mercado negro, mientras el combustible oficial se hacía cada vez más difícil de conseguir. Ese cuadro no ha mejorado. Al contrario, la escasez ha seguido empujando la compraventa informal a precios cada vez más altos.
El problema no se limita a mover un vehículo o encender una planta. La falta de combustible y gas también golpea la cocina doméstica, el transporte público, la producción agrícola y el traslado de mercancías. En un país con poca liquidez, poco suministro y baja capacidad de respuesta estatal, la energía sigue siendo uno de los puntos más frágiles de la crisis.
Por ahora, lo que se ve es un mercado informal cada vez más caro, una oferta oficial cada vez más débil y una economía que sigue funcionando con menos combustible, menos gas y menos margen para absorber otro golpe.
Redacción News 360