A pocas horas de la llegada del buque ruso “Anatoly Kolodkin” con combustible a puertos cubanos, el discurso oficial vuelve a vender alivio en medio de la crisis. Pero la pregunta que se impone no es cuándo arriba el petróleo, sino quién se beneficia realmente de ese cargamento.
En un país marcado por apagones prolongados y una infraestructura energética al límite, la experiencia reciente deja claro que estos envíos no se traducen en mejoras reales para la mayoría. La electricidad sigue siendo inestable, los cortes persisten y la vida cotidiana continúa bajo presión constante.
Mientras tanto, se mantiene visible una diferencia que ya no pasa desapercibida: sectores vinculados al poder operan con niveles de estabilidad que contrastan con la realidad del resto del país. Instalaciones turísticas funcionando, movilidad garantizada en determinados círculos y entornos que no reflejan la misma crisis que viven millones.
El combustible que trae el “Anatoly Kolodkin” puede sostener el sistema por unos días, pero no cambia la estructura que distribuye los recursos de forma desigual ni corrige un modelo que lleva años mostrando sus límites. Es un respiro momentáneo, no una solución.
La llegada de este buque no marca un antes y un después. Marca, otra vez, la repetición de un ciclo: entra el recurso, se administra bajo las mismas reglas y la mayoría sigue esperando un cambio que no termina de llegar.
Miguel Y Miranda
Editor en Jefe