El acuerdo por casi 500 millones de dólares queda bajo presión política y escrutinio regional
El acuerdo energético entre Pemex y Cuba se ha convertido en uno de los temas más sensibles del tablero regional. Durante 2025, el contrato abierto de suministro de petróleo alcanzó un valor aproximado de 496 millones de dólares, una cifra que refleja envíos continuos de crudo y derivados hacia la isla.
Sin embargo, el impacto interno de ese volumen no se reflejó en la vida cotidiana del país. La generación eléctrica no mostró mejoras sostenidas, los apagones continuaron afectando a amplias zonas del territorio y sectores clave como el transporte y los servicios públicos siguieron operando con severas limitaciones. Esta desconexión entre el monto del suministro y la realidad energética ha generado interrogantes persistentes sobre el destino final del petróleo.
Un contraste que despierta sospechas
El dato central no es solo cuánto petróleo llegó, sino qué no ocurrió después. En un escenario normal, un suministro de esa magnitud habría tenido efectos visibles en la estabilidad del sistema eléctrico y en la disponibilidad de combustible. La ausencia de ese alivio ha llevado a especialistas y observadores a plantear la posibilidad de que parte del crudo no haya sido destinado al consumo interno, sino a otros fines aún no transparentados.
Esta duda se refuerza en un contexto donde Cuba atraviesa una de las peores crisis energéticas de su historia reciente, con impacto directo en hospitales, industrias, transporte público y hogares.
Presión política y escenario cambiante
El acuerdo se enfrenta ahora a un entorno internacional más adverso. Donald Trump ha endurecido la política de Estados Unidos hacia Cuba y pidió públicamente a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, detener los envíos de petróleo**, advirtiendo consecuencias para los países que continúen suministrando crudo a la isla.
Este giro coloca el contrato de Pemex en una zona de incertidumbre política, más allá de su peso económico. Aunque el monto represente menos del 1 % de las exportaciones petroleras mexicanas, su impacto diplomático y estratégico es considerable.
Un acuerdo bajo escrutinio
Por ahora, el contrato sigue vigente. Pero la combinación de apagones persistentes, presión internacional y falta de transparencia sobre el uso del combustible mantiene el acuerdo bajo observación creciente. La pregunta que se instala no es menor: si el petróleo no alivió la crisis energética del país, ¿dónde terminó realmente?
En un Caribe cada vez más tensionado, el futuro de este acuerdo dependerá no solo de cifras comerciales, sino de decisiones políticas, sanciones y del escrutinio internacional que se intensifica día tras día.
Redacción News 360
