Francia salió este miércoles a fijar una línea frente a Washington y dejó claro que la OTAN, según su posición oficial, no está para operaciones ofensivas en el estrecho de Ormuz. La ministra delegada de Defensa, Alice Rufo, recordó en París que la alianza atlántica está concebida para la seguridad euro-atlántica, mientras el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, presiona a sus socios para que respalden una respuesta más dura contra Irán.
La respuesta francesa, sin embargo, no equivale a una retirada real del tablero militar. Emmanuel Macron ha defendido una salida con cobertura legal, participación de Naciones Unidas y consulta con Irán, pero al mismo tiempo Francia ya ha movido contactos con unos 35 países para preparar una futura misión en Ormuz una vez termine la fase más caliente del conflicto. La diferencia, en la práctica, no está en si habrá presencia internacional, sino en bajo qué formato político y con qué sello de legitimidad.
Ese matiz deja a Macron en una posición que muchos en Europa conocen bien: rechaza el costo político de seguirle el paso abiertamente a Trump, pero no cierra la puerta a una estructura alternativa que termine colocando fuerzas occidentales en la misma zona estratégica. París intenta presentarlo como una misión defensiva y ordenada, pero el movimiento muestra que Francia no quiere quedar fuera de una eventual reorganización del control marítimo sobre una de las rutas energéticas más sensibles del planeta.
La tensión escaló después de que Trump amenazara con sacar a Estados Unidos de la OTAN por la negativa de varios aliados europeos a apoyar su línea sobre Irán y Ormuz. En ese escenario, Macron busca diferenciarse de la presión directa de Washington, pero sin abandonar margen de maniobra sobre un corredor que sigue siendo clave para Europa, Asia y el mercado global de energía.
Redacción News 360