Europa podría enfrentar una escasez sistémica de combustible para aviones en unas tres semanas si el estrecho de Ormuz sigue restringido. La advertencia llega en un momento delicado para el sector aéreo, justo antes de la temporada alta de verano, y plantea un problema que va más allá del precio del combustible: el riesgo de que el suministro no alcance para sostener con normalidad la operación de aeropuertos y aerolíneas en el continente.
La preocupación se explica por la dependencia que mantiene Europa de los flujos energéticos que pasan por esa ruta. Aunque no todo el combustible que consume el continente sale de esa zona, una parte importante del suministro marítimo de jet fuel y de materias primas para refinarlo depende de que Ormuz funcione con normalidad. Cuando ese paso se frena, no solo suben los costos: también se tensiona toda la cadena logística que alimenta a los aeropuertos.
El problema ya no se está viendo como algo lejano. En días recientes hubo alertas por suministro limitado en varios aeropuertos italianos, una situación que pudo resolverse con proveedores locales, pero que dejó claro el poco margen que existe cuando una carga se retrasa en este mercado. Ese antecedente refuerza la idea de que, si la restricción en Ormuz se prolonga, lo que hoy son ajustes puntuales puede convertirse en una presión más amplia sobre el sistema europeo.
A eso se suma otro factor: aun cuando el estrecho vuelva a abrir con más fluidez, la recuperación no sería inmediata. El sector aéreo ya viene advirtiendo que los daños a la infraestructura energética y los problemas acumulados en la cadena de suministro pueden tardar meses en corregirse. Por eso la alarma no se limita al corto plazo. El temor es entrar en el verano con combustible caro, disponibilidad limitada y menos capacidad de reacción si vuelven a producirse interrupciones.
Redacción News 360