La visita de Pablo Iglesias a La Habana, como parte del convoy internacional “Nuestra América”, volvió a encender la controversia política alrededor de Cuba tras unas declaraciones en las que defendió la tesis de que, si el socialismo cubano fuera un fracaso, Estados Unidos lo dejaría caer por sí solo. La frase llegó en uno de los momentos más delicados para la isla, golpeada por apagones, escasez, crisis energética y una presión externa cada vez más fuerte.
El convoy reunió a centenares de participantes de decenas de países bajo el lema “Cuba no está sola”. Entre los asistentes fueron mencionados Jeremy Corbyn, Clara López, Hasan Piker y el propio Iglesias, en una operación de respaldo político y simbólico al gobierno cubano que coincidió con la llegada de ayuda humanitaria a la isla.
Sin embargo, el argumento lanzado por Iglesias ha sido leído por críticos y opositores como un intento de reciclar la narrativa clásica del castrismo en medio de un deterioro interno imposible de ocultar. El punto más cuestionado es que presenta a Cuba como una víctima aislada del cerco exterior, dejando en segundo plano décadas de dependencia económica de aliados extranjeros y el peso de una crisis estructural acumulada bajo control absoluto del propio sistema. Esa contradicción ha alimentado una nueva ola de rechazo dentro y fuera de la isla.
La polémica no nace solo por una frase. También estalla por el contraste entre el discurso político de los visitantes y la realidad que vive la población cubana. Mientras el convoy habla de solidaridad, la isla sigue enfrentando colapsos energéticos, desabastecimiento y una situación social asfixiante que ha marcado la vida diaria de millones de personas en los últimos meses.
Lo que debía proyectarse como un gesto de apoyo internacional terminó reabriendo una discusión mucho más incómoda: si el problema cubano puede seguir explicándose solo desde afuera o si el desgaste del modelo ya no admite más coartadas políticas.
Redacción News 360